Martes, Febrero 25, 2020

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Dietas de exclusión en el Síndrome de Intestino Irritable (SII)

En publicaciones anteriores ya hemos expuesto qué es y cómo se diagnostica y trata el síndrome de intestino irritable o “colon irritable” (SII), además de exponer recomendaciones dietéticas esenciales para su tratamiento.

En este apartado de dieta o alimentación existe una ingente cantidad de noticias, información en internet (o desinformación en muchos casos), recomendaciones de famosos, expertos o pseudoexpertos y un largo etcétera cada vez mayor en los últimos años. Existe una obsesión por la alimentación y toda una industria detrás que vive de promocionar alimentos que son saludables o “superalimentos”, o por el contrario otros expuestos como perjudiciales, que influyen en nuestra dieta y más si padecemos algún problema médico. Incluso existe el término de ortorexia nerviosa para esta obsesión con la comida.

Una gran parte de pacientes achacan los síntomas a los alimentos que comen, sin saber identificar a cuál, o a alguno en particular, por diferentes motivos o experiencias. Por lo que el tema de las intolerancias alimentarias está plenamente de actualidad, y está totalmente relacionado con el SII, en cuanto sus síntomas son superponibles y/o los pacientes con SII parten de que lo que padecen son intolerancias alimentarias. En este punto recomendamos leer una publicación previa en esta web para diferenciar lo que es una alergia de una intolerancia o una intoxicación.

En relación con la difusión de dietas de exclusión para el tratamiento del SII desde la Sociedad Española de patología Digestiva (SEPD) y la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD) durante el año 2019 se ha distribuido un documento de consenso (documento aquí) que aprovechamos para su difusión.Por nuestra parte añadir sólo unos comentarios:

  • La causa y mecanismos de aparición y desarrollo del SII no están definidos y múltiples procesos han sido identificados o señalados (la flora intestinal, secreción de sales biliares y enzimas digestivos, las respuestas neuroendocrinas a la ingesta, la señalización alterada en la relación entre cerebro e intestino, como también factores cognitivos de tipo psicológico o sociales…) y que se pueden ver implicados con lo que percibimos con la ingesta de diferentes alimentos y la respuesta/relación entre nuestro cerebro e intestino.
  • La gran mayoría de la información que llega a la población de la implicación de la microbiota bacteriana intestinal y su capacidad metabólica en los síntomas digestivos o del SII todavía se basan más en una especulación que en evidencias científicas firmes que permitan aplicar tratamientos dirigidos en este sentido y con eficacia probada.
  • La exclusión o provocación dietética no es un método validado para hacer un diagnóstico clínico de SII con fiabilidad.
  • La exclusión de FODMAPs como tratamiento del SII, en todo caso del tipo diarrea, tiene una evidencia limitada, porque los estudios realizados han sido de baja calidad (falta de ciego, número de pacientes incuidos bajo, no existe comparación con placeno o periodos de tratamientos cortos)
  • Las dietas FODMAPs son dietas muy restrictivas y pudieran provocar a medio-largo plazo déficits nutricionales. Por otro lado, pueden condicionar un cambio en la microbiota intestinal y cuya consecuencia no se ha podido todavía delimitar.
  • En la intolerancia a la lactosa no existe, en muchas ocasiones y más en el SII, una concordancia entre lo que uno siente y la capacidad de absorción de la lactosa (lo que detectan las pruebas). Por lo que mecanismos de hipersensibilidad o cognitivos no son descartables. Se recomendaría a lo sumo una restricción moderada en pacientes con SII y siempre que padezcan una relación clínica clara.
  • Actualmente el gluten es una proteína con mala prensa y perseguida. Por lo que se relaciona con dieta más sana, la que no lo contiene, así la industria alimentaria no hace más que añadir el aviso de “sin gluten” como atractivo de consumo. No existe evidencia científica que soporte este comportamiento.
  • Asociado a ello se haya el diagnóstico de sensibilidad al gluten no celiaca, que no está bien definido ni hay pruebas para su demostración por lo que se basa en que al comer algo con gluten el paciente se encuentra mal y en cuanto lo retira mejora. En estudios doble ciego (investigador y paciente no saben dieta administrada) se han obtenido resultados contradictorios y además se ha observado un claro efecto nocebo (empeoramiento de los síntomas con el placebo por la expectativa de recibir una medida terapéutica con efectos negativos). Por lo que su diagnóstico en una práctica clínica regida por criterios médicos o científicos serios no es posible en el momento actual.
  • Más recientemente se ha relacionado que los síntomas puedan ser desencadenados por proteínas del trigo que no sean el gluten, el papel de FODMAPs propios del trigo o la presencia de inhibidores de amilasas y proteasas también presentes; y por tanto cambiar el nombre a sensibilidad o intolerancia al trigo.
  • No es recomendable por tanto una exclusión completa del trigo o del gluten de la dieta, y en caso de querer reducirlo siempre seguir recomendaciones por un nutricionista. Dado por ejemplo que una dieta estricta sin gluten, sin control nutricional, puede conllevar déficits de fibra, calcio, hierro, zinc, magnesio o ácido fólico; y que muchos productos anunciados sin gluten no son equilibrados desde el punto de vista nutricional y presentan grandes cantidades de azúcares y grasa.
  • Si se realizan dietas de exclusión, siempre, bajo control por un nutricionista con especial dedicación a enfermedades digestivas y bajo control por un médico especialista en digestivo, por tiempo limitado no más de 4-8 semanas.