Lunes, Agosto 20, 2018

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Hepatitis Aguda

Los cuadros de afectación aguda del hígado generalmente se definen en cuanto a una duración inferior a 6 meses y su presentación con un cuadro clínico característico de ictericia (coloración amarilla de la piel y mucosas), deterioro del estado general y la determinación analítica de una elevación de transaminasas de alto rango. En muchos casos pueden ser poco sintomáticas o asintomáticas, así es común en pacientes con una hepatitis vírica crónica en los que no se puede determinar el momento de su infección ni antecedente de hepatitis aguda.

 

Causas

La causa de una hepatitis aguda es variable, siendo la causa más frecuente las infecciones por virus hepatotrópos (Virus de la hepatitis A, hepatitis B ó hepatitis C…) pero otras causas frecuentes son secundarias a fármacos, productos de herbolario u otros tóxicos (alcohol, amanita phalloides…), de origen vascular por disminución del riego sanguíneo, o isquemia, del hígado, o como una forma de presentación aguda de ciertas enfermedades hepáticas como la hepatitis autoinmune o en la enfermedad de Wilson.

 

Clasificación y Pronóstico

La clínica de una hepatitis aguda puede presentarse desde formas completamente asintomáticas hasta rápidamente progresivas con evolución hacia el fallo funcional del órgano. Es habitual su clasificación según la gravedad del cuadro que define la necesidad de cuidados hospitalarios o únicamente su tratamiento de soporte domiciliario.

Hepatitis asintomática o subclínica: Aquella que cursa sin síntomas clínicos. 

Hepatitis clínica no grave: Aquella que cursa con clínica sin signos de gravedad. Se diferencia la fase “de pródromos” con clínica inespecífica (cansancio, malestar general, naúseas, dolor en el cuadrante abdominal superior derecho…) del posterior periodo denominado “de estado” con ictericia, orina oscura (coluria) y en general mejoría progresiva de los síntomas de la fase de pródromos.

Hepatitis prolongada: Aquella en que se produce un aumento de la duración de las fases de pródromos o de estado con reagudizaciones, como puede ocurrir con una hepatitis A aguda. 

Hepatitis grave: Es la forma de presentación o evolución menos frecuente dentro de una hepatitis aguda, y en ella se determinan signos clínicos o alteraciones analíticas asociadas a deterioro de la función hepática, como son el desarrollo de encefalopatía hepática (tendencia al sueño, desorientación…) y alteración de la coagulación de la sangre, siendo su máxima expresión el fracaso hepático fulminante.

 

Tratamiento

En general, un paciente con una hepatitis aguda no requiere de mayores cuidados que el reposo domiciliario (actividad psíquica y física según tolerancia individual) y mantener una buena hidratación y adecuados aportes nutricionales

Se recomiendan realizar controles analíticos para descartar un cuadro más grave que curse con insuficiencia hepática grave, y que requiera de un control más estrecho bajo observación hospitalaria.