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Alberdi Aparato Digestivo

¿Por qué tengo gases constantemente? Los errores más frecuentes que pueden estar manteniendo el problema

¿Por qué tengo gases constantemente? Los errores más frecuentes y cuándo consultar

¿Por qué tengo gases constantemente? Los errores más frecuentes y cuándo consultar

"He dejado de comer de todo... y sigo teniendo gases."

Es una situación más habitual de lo que parece.

Primero desaparece la leche.

Después el pan.

Más tarde la fruta.

Las legumbres.

Las verduras.

Al final, la dieta se reduce cada vez más, pero los gases siguen ahí.

Y llega la frustración.

Porque cuando convivimos durante meses con hinchazón abdominal o flatulencia, es fácil pensar que el problema está únicamente en los alimentos.

La realidad suele ser bastante diferente.

En consulta vemos con frecuencia que los gases no se mantienen por una sola causa, sino por una suma de pequeños errores que, sin darnos cuenta, repetimos cada día.

Veamos cuáles son los más frecuentes.

Error 1. Pensar que todos los gases son iguales

No todos los gases tienen el mismo origen.

Algunas personas producen más gas.

Otras producen una cantidad normal, pero su intestino es más sensible y perciben cualquier distensión como una molestia importante.

Y otras tienen un problema en la forma en que el intestino mueve ese gas a lo largo del tubo digestivo.

Por eso dos personas pueden describir exactamente el mismo síntoma y necesitar tratamientos completamente distintos.

Error 2. Culpar siempre a un alimento

«Seguro que son las legumbres.»

«Creo que el gluten me sienta fatal.»

«Todo empezó cuando tomé leche.»

Es una reacción comprensible.

Pero pocas veces la respuesta es tan sencilla.

La alimentación influye, sí.

Pero también lo hacen el ritmo de vida, el estrés, la microbiota, la motilidad intestinal y algunas enfermedades digestivas.

Buscar un único culpable suele retrasar el diagnóstico.

Error 3. Eliminar alimentos sin saber por qué

Internet está lleno de listas de alimentos «prohibidos».

Sin embargo, eliminar grupos enteros de alimentos sin una indicación médica puede tener consecuencias.

Muchas frutas, verduras y legumbres que producen más fermentación también son fundamentales para mantener una microbiota saludable.

El objetivo nunca debería ser comer cada vez menos.

El objetivo es descubrir qué está provocando realmente los síntomas.

Error 4. Comer demasiado deprisa

Este es probablemente el error más infravalorado.

Cuando comemos rápido:

  • tragamos más aire
  • masticamos peor
  • dificultamos la digestión
  • favorecemos la aerofagia

Nuestro aparato digestivo necesita tiempo.

No solo para digerir.

También para recibir los alimentos.

Error 5. Pensar que todo es un SIBO

En los últimos años el término SIBO se ha hecho muy popular.

Y eso ha tenido una consecuencia positiva: muchas personas buscan respuestas.

Pero también ha generado una idea equivocada.

No toda hinchazón.

No todos los gases.

No todas las digestiones pesadas.

Son un SIBO.

El sobrecrecimiento bacteriano es solo una de las muchas causas posibles.

Error 6. Normalizar los síntomas durante años

«Siempre he sido así.»

Es una frase que escuchamos constantemente.

Y muchas veces retrasa la consulta durante años.

Convivir con gases ocasionales es normal.

Convivir con molestias todos los días no debería serlo.

Cuando los síntomas afectan al trabajo, al descanso o a la vida social, merecen ser estudiados.

Error 7. Buscar una solución rápida

Probióticos.

Infusiones.

Suplementos.

Dietas milagro.

Cada semana aparece una nueva recomendación.

Algunas personas mejoran.

Otras no.

Porque la pregunta más importante no es:

¿Qué puedo tomar?

La pregunta correcta es:

¿Por qué tengo estos síntomas?

Cuando encontramos la causa, el tratamiento deja de ser una colección de pruebas y empieza a tener sentido.

¿Por qué se producen gases durante una digestión normal?

Aunque muchas veces los asociamos a un problema digestivo, los gases forman parte de una digestión completamente normal. De hecho, todas las personas los producen cada día.

Existen dos mecanismos principales por los que aparecen.

1. El aire que tragamos al comer

Cada vez que comemos, bebemos, hablamos o incluso tragamos saliva, una pequeña cantidad de aire entra en el aparato digestivo. La mayor parte se elimina mediante eructos, pero otra continúa su recorrido hacia el intestino.

Cuando comemos muy deprisa, hablamos mientras masticamos, bebemos con pajita o consumimos bebidas con gas, esa cantidad de aire puede aumentar.

2. El trabajo de la microbiota intestinal

La mayor parte de los gases no procede del aire que tragamos, sino de un proceso mucho más interesante: la fermentación que realizan las bacterias beneficiosas que viven en nuestro intestino.

Nuestra microbiota ayuda a digerir componentes de los alimentos —especialmente algunos tipos de fibra e hidratos de carbono complejos— que el organismo no puede descomponer por sí solo.

Durante ese proceso se generan gases como:

  • Hidrógeno.
  • Dióxido de carbono.
  • Metano (en algunas personas).

Lejos de ser un problema, esta fermentación forma parte del funcionamiento normal del intestino y contribuye a producir sustancias beneficiosas, como los ácidos grasos de cadena corta, que ayudan a mantener sana la mucosa intestinal y sirven de alimento para las células del colon.

Por eso, producir gases no significa que la digestión esté funcionando mal. En realidad, suele ser la consecuencia de una microbiota activa y de un intestino que está realizando su trabajo.

La diferencia entre una digestión normal y un problema digestivo no suele estar en producir gases, sino en la cantidad, la intensidad de las molestias o la presencia de otros síntomas, como dolor abdominal, hinchazón persistente, diarrea, estreñimiento o pérdida de peso.

Entonces… ¿qué puede haber detrás de unos gases persistentes?

Aquí es donde conviene dejar de hablar de síntomas y empezar a hablar de diagnóstico.

Los gases pueden formar parte de situaciones muy distintas.

Entre ellas:

  • síndrome del intestino irritable
  • intolerancia a la lactosa
  • enfermedad celíaca
  • estreñimiento
  • alteraciones de la microbiota
  • SIBO
  • enfermedades digestivas que requieren un estudio específico

Por eso ninguna persona debería recibir el mismo tratamiento simplemente porque tiene gases.

 

¿Cuándo merece la pena consultar?

Es recomendable acudir al especialista cuando los gases:

  • aparecen prácticamente todos los días
  • se acompañan de dolor abdominal
  • producen una hinchazón importante
  • alteran el ritmo intestinal
  • aparecen junto con pérdida de peso
  • se acompañan de sangre en las heces
  • limitan la calidad de vida.

No porque los gases sean peligrosos.

Sino porque pueden ser la forma en la que el aparato digestivo nos está diciendo que algo necesita atención.

En Alberdi Aparato Digestivo

En consulta no tratamos los gases.

Tratamos a la persona que hay detrás de ellos.

Escuchamos cuándo empezaron los síntomas, cómo evolucionan, qué impacto tienen en la vida diaria y qué pruebas pueden ayudar realmente a encontrar la causa.

Porque el objetivo no es convivir mejor con los gases.

Es entender por qué aparecen.

La idea principal

Los gases forman parte de una digestión normal.

Lo que no deberíamos normalizar es convivir con ellos todos los días o limitar nuestra alimentación sin saber cuál es el origen del problema.

Muchas veces el tratamiento empieza mucho antes del primer medicamento.

Empieza haciendo un buen diagnóstico.

Fuentes científicas

Preguntas frecuentes por qué tengo gases

Todos producimos gases, pero si aparecen de forma constante, producen molestias o afectan a tu calidad de vida, conviene consultar con un especialista.

No. Pueden formar parte de una digestión normal, aunque cuando son persistentes o se acompañan de otros síntomas es recomendable estudiar su causa.

Solo cuando existe una causa demostrada. Eliminar alimentos sin un diagnóstico puede hacer la dieta más pobre y no resolver el problema.

Cuando se acompañan de dolor intenso, pérdida de peso, sangre en las heces, cambios persistentes en las deposiciones o limitan tu vida diaria.

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