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Alberdi Aparato Digestivo

¿Cómo afecta el relax a nuestro aparato digestivo?

Estrés, relax y aparato digestivo: ¿por qué el intestino también nota cuando descansamos?

Hay personas que empiezan las vacaciones y, casi sin darse cuenta, van mejor al baño.

Otras descubren que la hinchazón que las acompañaba durante meses disminuye. Las digestiones parecen más fáciles y ese nudo en el estómago que aparecía cada mañana deja de estar ahí.

¿Casualidad? No necesariamente.

El aparato digestivo mantiene una comunicación constante con nuestro cerebro. Por eso, descansar, dormir mejor, reducir el ritmo o sentirnos más tranquilos puede influir en cómo digerimos, en el movimiento del intestino e incluso en cómo percibimos determinadas molestias.

Y el verano puede ser un buen momento para observarlo.

El intestino y el cerebro hablan continuamente

Nuestro aparato digestivo cuenta con una extensa red de neuronas, el sistema nervioso entérico, capaz de regular buena parte de la actividad gastrointestinal. A su vez, mantiene una comunicación bidireccional con el sistema nervioso central a través del llamado eje intestino-cerebro.

En esa conversación intervienen señales nerviosas, hormonales, inmunológicas y metabólicas. También participa la microbiota intestinal.

Uno de los protagonistas es el nervio vago, una importante vía de comunicación entre el cerebro y distintos órganos, entre ellos buena parte del aparato digestivo.

Cuando estamos relajados predomina la actividad del sistema nervioso parasimpático, relacionado con funciones de descanso, recuperación y digestión. Favorece procesos como la motilidad gastrointestinal y las secreciones necesarias para digerir los alimentos.

Por eso nuestro estado emocional y nuestro aparato digestivo están mucho más relacionados de lo que puede parecer.

¿Por qué el estrés puede sentirse en el estómago?

Todos hemos utilizado alguna vez expresiones como «tengo un nudo en el estómago» o «se me ha cerrado el estómago».

Tienen una explicación fisiológica.

Ante una situación de estrés, el organismo activa mecanismos preparados para responder a una amenaza. Cambian el ritmo cardíaco, la respiración y la liberación de determinadas hormonas. Al mismo tiempo, puede modificarse la actividad gastrointestinal.

En algunas personas esto se traduce en diarrea o necesidad urgente de ir al baño. En otras aparece estreñimiento, dolor abdominal, sensación de plenitud, náuseas o pérdida de apetito.

También puede cambiar nuestra percepción de las sensaciones digestivas. Una distensión intestinal que apenas percibimos en un momento de tranquilidad puede resultar mucho más molesta durante una etapa de tensión mantenida.

Esto resulta especialmente relevante en trastornos de la interacción intestino-cerebro, como el síndrome del intestino irritable (SII).

¿Por qué algunas personas tienen menos molestias digestivas durante las vacaciones?

No existe una única explicación.

Durante las vacaciones suelen cambiar varias cosas a la vez. Dormimos más, desaparecen algunas prisas, comemos con más tiempo, hacemos más actividad al aire libre y podemos reducir la carga mental asociada al trabajo.

Todo ello puede repercutir en nuestro bienestar digestivo.

Pensemos, por ejemplo, en algo tan cotidiano como desayunar.

Un café rápido antes de salir de casa mientras pensamos en la primera reunión del día genera un contexto muy diferente al de sentarse a desayunar tranquilamente, masticar despacio y disponer de tiempo para ir al baño.

El alimento puede ser exactamente el mismo.

El contexto en el que lo comemos, no.

Comer despacio también forma parte de una buena digestión

Cuidar el aparato digestivo no depende únicamente de qué comemos. También importa cómo lo hacemos.

Comer deprisa favorece que mastiquemos menos y puede hacer que traguemos más aire. Además, resulta más difícil reconocer las señales de saciedad.

En cambio, dedicar tiempo a las comidas permite masticar adecuadamente y disfrutar de los alimentos con más calma.

La Sociedad Española de Nutrición Comunitaria sitúa una alimentación equilibrada dentro de un estilo de vida saludable en el que también tienen importancia la actividad física, el descanso, la forma de cocinar y la dimensión social de las comidas.

La dieta mediterránea es un buen ejemplo. Importa lo que ponemos en el plato, pero también una manera de relacionarnos con la comida.

Dormir bien también importa al intestino

El descanso nocturno y la salud digestiva mantienen una relación estrecha.

El organismo utiliza el sueño para regular numerosos procesos metabólicos, hormonales e inmunológicos. Además, nuestros órganos y nuestra microbiota siguen ritmos circadianos vinculados a los ciclos de actividad, alimentación y descanso.

Cuando alteramos de forma continuada los horarios de sueño y de las comidas, también podemos alterar estos ritmos.

Por eso unas vacaciones que permiten recuperar horarios de descanso pueden hacernos sentir mejor. Aunque conviene recordar que verano también puede significar cenas a medianoche, alcohol, comidas copiosas y horarios completamente diferentes.

Relajarse ayuda. Desordenar todos nuestros hábitos, no necesariamente.

¿Y la microbiota? ¿También nota nuestro estado emocional?

La relación entre microbiota, cerebro e intestino es uno de los campos más interesantes de la investigación digestiva actual.

Sabemos que existe una comunicación bidireccional: el cerebro puede influir en el funcionamiento intestinal y, a su vez, los microorganismos intestinales producen metabolitos capaces de participar en diferentes procesos del organismo.

Sin embargo, conviene evitar simplificaciones. No podemos afirmar que relajarse «cure» la microbiota ni que todos los síntomas digestivos tengan un origen emocional.

La salud de la microbiota depende de numerosos factores, entre ellos la alimentación, los medicamentos, la actividad física, el sueño, la edad y el propio estado de salud.

Cuando descansar mejora los síntomas, también nos aporta información

Este punto es especialmente interesante.

Una persona puede observar que durante las vacaciones disminuyen su hinchazón, el dolor abdominal o las alteraciones del ritmo intestinal y que vuelven al recuperar la rutina.

Ese patrón merece atención.

Puede ayudar al especialista a comprender mejor qué factores intervienen en los síntomas y resulta particularmente relevante ante enfermedades como el síndrome del intestino irritable.

Pero sentirse mejor cuando estamos relajados no significa que el problema esté «en nuestra cabeza».

El dolor, la distensión, la diarrea o el estreñimiento son síntomas reales. El eje intestino-cerebro nos ayuda precisamente a entender por qué factores físicos, emocionales y ambientales pueden interactuar y modificar su intensidad.

El relax ayuda, pero no explica cualquier síntoma digestivo

Aquí conviene establecer una diferencia importante.

El estrés puede modificar el funcionamiento del aparato digestivo, pero no debemos atribuir automáticamente al estrés un síntoma persistente.

Un dolor abdominal que se repite, una dificultad para tragar, cambios mantenidos en las deposiciones, pérdida de peso sin explicación, anemia o sangre en las heces requieren valoración médica.

Dependiendo de los síntomas y de la historia clínica, el especialista decidirá si es necesario realizar pruebas como una gastroscopia, colonoscopia u otros estudios digestivos.

Escuchar el cuerpo también significa saber cuándo una molestia necesita ser estudiada.

Este verano, observa cómo se siente tu aparato digestivo

Quizá las vacaciones puedan servir para algo más que descansar.

Observa qué ocurre cuando duermes mejor. Cómo te sienta comer sin prisas. Si cambia tu ritmo intestinal cuando dispones de tiempo. O si esa sensación de hinchazón disminuye cuando baja el nivel de tensión diario.

No hace falta convertir cada comida en un análisis.

Simplemente prestar atención.

En Alberdi Aparato Digestivo entendemos la salud digestiva desde una visión completa. La alimentación importa. El descanso importa. Los hábitos importan. Y cuando aparecen síntomas, importa todavía más entender su origen antes de tratarlos.

Porque a veces el intestino también agradece que bajemos el ritmo.

Preguntas frecuentes relax y apartao digestivo

Sí. El estrés puede modificar la motilidad intestinal y la sensibilidad del aparato digestivo, favoreciendo dolor, distensión, diarrea o estreñimiento en algunas personas.
Puede influir la combinación de menos estrés, más tiempo para comer y acudir al baño, mayor descanso, actividad física y cambios en la alimentación. Si la diferencia es muy marcada, comentarlo en consulta puede aportar información útil.
El estrés puede aumentar los síntomas en algunas personas con SII debido a la interacción entre el cerebro y el intestino. Sin embargo, el SII es un trastorno complejo y su abordaje debe individualizarse.
El descanso y la gestión del estrés pueden favorecer el bienestar digestivo, pero no sustituyen un diagnóstico. Los síntomas persistentes o los signos de alarma deben ser valorados por un especialista.
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