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Alergia, intolerancia y «me sienta mal» no es lo mismo

Alergia, intolerancia o me sienta mal, no es lo mismo

Alergia, intolerancia o sensibilidad, no es lo mismo

Hay una frase que escuchamos mucho en consulta: “me da alergia”. Y, sin embargo, en la mayoría de los casos lo que hay detrás no es una alergia.

 ¿Importa? Mucho. Porque una alergia alimentaria puede implicar riesgo inmediato, mientras que una intolerancia suele ir por otro camino. Y porque, cuando mezclamos conceptos, pasa lo típico: dietas cada vez más restrictivas, miedo a comer fuera, síntomas que no mejoran… y cero claridad.

En este artículo vamos a poner orden: qué es alergia, qué es intolerancia, qué es sensibilidad, qué señales conviene tomarse en serio y cómo se estudia de forma sensata.

Qué es una alergia alimentaria (de verdad)

Una alergia es una reacción del sistema inmunitario frente a un alimento.
El cuerpo identifica una proteína como “amenaza” y responde.

Esto puede ocurrir de forma rápida (minutos–pocas horas) y los síntomas suelen ser más “de piel/respiratorio” que puramente digestivos, aunque también puede haber vómitos o dolor abdominal.

Síntomas típicos de alergia

  • Urticaria, ronchas, picor generalizado
  • Hinchazón de labios, lengua, párpados (angioedema)
  • Sibilancias, tos, dificultad para respirar
  • Náuseas/vómitos bruscos tras ingerir el alimento
  • Mareo, sensación de desmayo

🔴 Urgente: si aparece dificultad respiratoria, hinchazón importante o mareo intenso tras comer, es motivo de atención inmediata.

Intolerancia alimentaria: otra película

La intolerancia no es una reacción inmunitaria “tipo alergia”. Suele ser un problema de digestión/absorción o de fermentación intestinal.

Aquí la clínica suele ser más digestiva:

  • gases, distensión
  • diarrea o heces blandas
  • dolor abdominal
  • urgencia para ir al baño
  • malestar que aparece más tarde (no necesariamente al minuto)

Ejemplos frecuentes:

  • lactosa (déficit de lactasa)
  • fructosa (malabsorción)
  • polioles (sorbitol, manitol)
  • sensibilidad a FODMAPs (no es “intolerancia” oficial, pero se comporta parecido)

Sensibilidad / reactividad: el terreno gris

Luego está el “me sienta fatal, pero no sale nada”.
Esto pasa. Y no significa que “te lo inventes”.

Hay personas con síntomas claros sin alergia demostrable. Aquí suelen entrar:

  • síndrome de intestino irritable (SII), con reactividad a fermentables
  • disbiosis/microbiota alterada
  • sensibilidad al trigo no celíaca (ojo: no es celiaquía)
  • factores del eje intestino-cerebro (estrés, sueño, hipervigilancia digestiva)

La clave es que el abordaje cambia: no es “quitarte medio menú para siempre”, sino entender el patrón y ajustar con método.

El error más común: eliminar alimentos “por si acaso”

Cuando alguien vive con síntomas, hace lo que puede: quita el gluten, luego la lactosa, luego el tomate, luego las legumbres… y termina comiendo cuatro cosas con miedo.
Y a veces ni mejora.

Tres ideas claras:

  1. Restringir sin diagnóstico puede empeorar tu relación con la comida y tu nutrición.
  2. Puedes estar quitando lo que no toca y dejando lo que sí te dispara.
  3. Hay síntomas digestivos que requieren estudio (no todo es “intolerancia”).

Cómo se estudia bien (sin humo y sin laberintos)

Un diagnóstico serio se apoya en esto:

1) Historia clínica bien hecha

  • ¿Qué comes? ¿Cuánto? ¿A qué hora?
  • ¿Cuánto tarda en aparecer el síntoma?
  • ¿Qué síntomas son (piel, respiratorio, digestivo)?
  • ¿Se repite siempre con el mismo alimento?
  • ¿Hay antecedentes de atopia (asma, rinitis, dermatitis)?
  • ¿Hay pérdida de peso, anemia, sangre en heces?

Esto ya orienta muchísimo.

2) Descarta lo importante

Antes de poner etiquetas, conviene descartar:

  • celiaquía si hay sospecha clínica
  • enfermedad inflamatoria intestinal en casos con banderas rojas
  • problemas orgánicos si hay signos de alarma

3) Pruebas específicas cuando proceda

  • Si hay sospecha de alergia: valoración alergológica, pruebas dirigidas (según criterio médico).
  • Si hay sospecha de intolerancias: test específicos (lactosa/fructosa, etc.) según el caso.
  • Si el patrón encaja con SII: el enfoque suele ser dietético + funcional, tras descartar banderas rojas.

4) Intervención dietética con fases (y con objetivo)

No se trata de “quitar por quitar”, sino de:

  • hacer una prueba controlada (tiempo limitado)
  • evaluar respuesta
  • reintroducir para localizar el desencadenante real
  • construir una dieta amplia y sostenible

Señales de alarma: aquí no se improvisa

Consulta sin demorar si hay:

  • sangre en heces
  • pérdida de peso involuntaria
  • anemia
  • fiebre, síntomas nocturnos
  • diarrea persistente que deshidrata
  • dolor intenso progresivo
  • inicio de síntomas digestivos importantes en edades más avanzadas sin historia previa

Qué puedes hacer desde hoy 

En Alberdi: diagnóstico con criterio y sin dietas eternas

Nuestro enfoque es sencillo: entender tu caso, descartar lo relevante y diseñar un plan realista.
A veces la solución es identificar un desencadenante concreto. Otras veces es trabajar el intestino irritable. Y otras, confirmar que hay una alergia y actuar con seguridad.

Si llevas meses recortando alimentos y tu digestión sigue mandando, pide valoración. Comer debería ser fácil. Y puede volver a serlo.

Nota: Este artículo es informativo y no sustituye una consulta médica.

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